Un patrimonio artístico de valor inestimable con obras maestras de las que ni siquiera se sabía la existencia. Una colección de casi 1.500 obras escondidas al mundo y un embrollo legal muy complicado. De Matisse a Picasso, de Chagall a Courbet, de Renoir a Canaletto. La estratosférica colección fue guardada secretamente por Cornelius Gurlitt en su casa en Mónaco de Baviera y en la de Estrasburgo. Las obras fueron heredadas de su padre, Hildebrand, figura controvertida de la época nazi, en los años ’30 y ’40, marchante de arte y colaborador nazi, cerca de los jefes del régimen, aunque su abuela era de origen judío. Las esculturas y las pinturas provienen mayormente de los ataques contra los judíos y de saqueos en varios museos de Europa realizados por los nazis. Cornelius Gurlitt murió el pasado 6 de mayo a la edad de 81 años en su casa en Mónaco de Baviera.
Ahora se conoce el testamento que Gurlitt había dejado a los abogados antes de su muerte: su voluntad era dejar el inmenso patrimonio artístico al Museo de Berna. Un secreto oculto durante casi 80 años, sólo hace dos años, de hecho, la preciosa colección fue descubierta por la policía alemana, y por casualidad, mientras que se llevaban a cabo los controles por fraude fiscal en el distrito de Augsburgo. Los agentes entendieron inmediatamente que habían detenido un “fantasma”: Cornelius Gurlitt resultó que nunca tuvo un trabajo, que tenía una pensión o una cartilla sanitaria en el bolsillo, sin embargo, tenía varios millones de euros. La consecuente visita a la casa del fantasma sacó a la luz el inmenso tesoro secreto. Estos son los ingredientes de una historia que podría fascinar incluso la gran pantalla.
“El tesoro de Hitler”, esta herencia inmensa y controvertida, ahora será recibida por el Kunstmuseum, el Museo del Arte de Berna. Christoph Schäublin, el presidente de la fundación del museo, con una declaración hecha en Berlín durante una conferencia de prensa, ha dicho que el Kunstmuseum acepta, y por un acuerdo tomado con las autoridades alemanas se ocupará de verificar todo el material precioso y de devolver a sus legítimos propietarios las obras saqueadas por los nazis.