La Unión Socialcristiana (CSU) «es como el clima, a veces bueno, a veces malo y otras un desastre. Pero sin clima no se puede vivir y hay suficientes bávaros que no quieren vivir tampoco sin la CSU por muy buena o mala o desastrosa que sea a veces». Así define Kurt Kister, director del ‘Süddeutsche Zeitung’, el principal rotativo de Múnich y uno de los alemanes de mayor tirada, al pequeño partido que lleva gobernando la rica región del sur de Alemania ininterrumpidamente desde hace mas de medio siglo y que está inseparablemente unido a la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Angela Merkel.
«Baviera es la CSU y la CSU es Baviera», suelen decir sus dirigentes, orgullosos de una formación que el año pasado recuperó la mayoría absoluta en las legislativas regionales tras el bache de 2008, cuando por primera vez en cinco décadas tuvo que buscar en los liberales un socio de coalición para gobernar el Estado federado más grande en superficie y, tras Renania del Norte-Westfalia, el segundo en población con 12,6 millones de habitantes. Kister compara también a la CSU con el consorcio Siemens y señala que «es un lento gigante de antigua reputación, del que se espera seguridad y al que se le perdonan los pecadillos. La combinación de autoridad industrial y partido patriótico es única y hasta ahora invencible en Baviera».
El Estado Libre de Baviera no es igual que las restantes entidades federadas, aunque reúne todos los tópicos que a uno se le ocurren cuando piensa en Alemania. Desde los trajes regionales con pantalones de cuero hasta la rodilla, camisas a cuadros, sombreros con pluma y chaquetas loden en los hombres y vestidos estampados con flores y delantales con bordados en las mujeres, a los pueblos de postal, pasando por la Oktoberfest, la cerveza y las tradicionales salchichas. Todo eso junto solo puede verse en Baviera o, como mucho, en Austria, que los bávaros consideran provincia disidente y viceversa.
Y ésa es la imagen que cuida también la CSU para el propio partido. Una formación profundamente arraigada en su pueblo, cuyo programa político puede resumirse en dos palabras: «Primero Baviera», aunque sin ningún ánimo separatista. «No se lo tome a mal, pero esa idea es absurda», respondió Steffen Seibert, portavoz del Gobierno federal, cuando un periodista le preguntó, con motivo del referéndum de Escocia y las aspiraciones secesionistas de Cataluña, si Merkel temía que Baviera optara por seguir ese ejemplo.
Un partido regionalista
Baviera ya se siente independiente y diferente al resto de Alemania. Es el único Estado federado que luce en su nombre el título de Libre. El preámbulo de la Constitución germana establece que la República Federal es una fundación de los Estados federados, no al revés, y que el Bundesrat, la Cámara alta o Consejo de los Länder, sanciona toda ley relevante para el país, también las relativas a la política europea. El federalismo es la causa principal de que a los habitantes de Baviera o de otras regiones no se les pase por la cabeza siquiera la posibilidad de independizarse. La CSU es el único partido regionalista, o nacionalista incluso, de relevancia en Alemania. A su izquierda no existe nada similar y a su derecha, el Partido de Baviera es aún más conservador y tradicionalista.
El éxito de la CSU se basa en tres factores determinantes: la fuerza económica de la región, el pasado histórico de Baviera y el carisma de sus primeros ministros, que cultivan la imagen de patriarcas y gobiernan como monarcas. El analista político Ulrich Berls considera el primero de los tres el más relevante. «De ser independiente, Baviera sería la séptima potencia económica de Europa, por delante incluso de España», afirma. En el Estado sureño tienen su sede automotrices como BMW, Audi o MAN y consorcios internacionales como Siemens, EADS o Infineon. De la mano de la CSU, Baviera pasó de ser un territorio agrícola tras la II Guerra Mundial a convertirse, junto a la vecina Baden-Württemberg, en la potencia industrial del país.
La tasa de desempleo es, con un 3,4%, la mitad que la media alemana. Y aún podría reducirse porque la región sigue creando puestos de trabajo. Mientras en Alemania el PIB aumentó el primer semestre un 1,7%, en Baviera alcanzó el 2,3%. El primer ministro y líder de la CSU, Horst Seehofer, podría declamar docenas de clasificaciones lideradas por su región frente a los otros 15 Estados federados, no sólo en el plano económico y laboral, sino también en la educación o la investigación, la sanidad o las infraestructuras. Eso convierte a Baviera en el primer contribuyente a los fondos de compensación federales, con los que las regiones ricas ayudan a las más modestas. El politólogo Heinrich Oberreuter, catedrático de la Universidad de Passau y experto en la CSU, considera que «en las dos últimas décadas Baviera ha conseguido convertirse en el Estado económicamente más exitoso de la República Federal», lo que explica en gran medida la confianza que el electorado deposita en su partido de toda la vida.
Sentido nacional enraizado
Además del poderío económico, la Unión Socialcristiana se beneficia de la historia de lo que fue un reino hasta la Primera Guerra Mundial. «Baviera conserva los mismos límites que estableció Napoleón», recuerda Berls, quien subraya que el Estado existe desde hace mas de mil años y el sentido nacional de los bávaros se encuentra por ello muy enraizado.
Frente a la CDU de Merkel, creada en 1950, la CSU es un partido de primera hora, fundado en octubre de 1945, pocos meses después de acabar el conflicto bélico mundial. Aunque están hermanadas, los socialcristianos siempre han dejado claro que su presencia en el Gabinete de Merkel, donde cuentan con tres ministros, tiene como prioridad los intereses de Baviera. En las campañas para los comicios al Bundestag desarrollan un programa independiente al de los cristianodemócratas, con promesas que acaban imponiendo en los acuerdos de coalición.